Galimberti, Camilión y el secuestro del millón – Por @Catamarco
by Coronel Gonorrea on January 23, 2012
1991. La euforia por el Mundial de fútbol del año anterior ya había pasado y las expectativas por ver a San Lorenzo campeón ya se habían esfumado.
Oscar Camilión, hombre de relativo peso en el Imperio Meneminca que había postulado un reino de color y plástico en la ya extinta Argentina, se preguntaba qué podía hacer para dar un golpe de timón a ese aletargado año.
Luego de esnifarse unas líneas que formaban el logo de ATC y secarse el vómito en su reluciente camisa Angelo Paolo, reflexionó: “sólo un hombre me podría dar la solución final”.
Al otro día, mientras le lustraba la pelada a Dromi con la belfa de Yuyito González, se acordó lo que había pensado la jornada anterior, sacó medio cuerpo por la ventana y grito: “¡Galimba! ¡Galeeemba!”.
Doce minutos, no más, y se apersonó en su piso el ex fagot de Los Parchos, Rodolfo Galimbert, sudado, con una jumper que hacía juego con sus ojos.
Le dijo al ascendente menemista:
-¿Qué querés ahora, travesti leptospirósico?
-Que me limes el buje, guerrerito de cuarta.
Ahí nomás sacaron tenedor, cuchara y se entregaron al bello acto de procreación. Sin embargo, Camilión recordó el motivo primero por el cual había llamado a su amigo y le espetó, mientras tragaba cúbicos centímetros de wasca ajena:
-Necesito plata para profundizar el modelo.
(Los dos miraron a cámara, en un gesto cómplice con el espectador).
-No tengo plata- respondió Galimberti.
-Hacela- le espetó un ano irritado Camilión.
Galimberti se fue bufando del lugar. Y sin acabar. Por su cabeza rondaba la idea de qué hacer para complacer a su eventual amante y, de paso, ganarse un lugar en los considerandos de dopados empresarios en ciernes.
Cuando al humano se le cruzan tamañas ideas, donde se pone en juego la dignidad de la persona y la lealtad de los principios heredados por sus padres, no lo duda: secuestra a alguien.
Fue así que sin dudar se dirigió a las oficinas de la prepaga Medicorp, ubicadas en la calle Julio De Vido al 1800, y exigió una entrevista con su presidente, Rafael De Martino. Tuvo suerte, porque la secretaria era el mismísimo mandamás de la empresa. Sin rodeos, Galimba le comentó:
-Vení que te secuestro, cagón.
El otro, que conocía el modus operandi de calañas como su interlocutor, entre dientes le regañó:
-Si, bichi. Vamos.
Fue así que el otrora guerrillero volvió a una actividad que hacía tiempo no ejecutaba, una “ceremonia” que había aprendido en la Escuela Superior de Tormentos Nº2 “Goldie Legrand”.
El encierro de Martino fue duro, dulce, agobiante, risueño, extremo, cuchululi, letal y amoroso.
Lo cierto era que Galimberti masticaba una objetivo final: contratar a Martino como pareja estable de truco para el Torneo Apertura de 1991/92 en Villa Tesei. Lo logró:
hicieron una excelente campaña, perdiendo en el primer partido –por definición desde el punto de penal- contra el tándem Griguol – Bobby Goma.
Enterado de esto, Camilión tomó represalias. Supo del escondite en el cual se mantenía el secuestro y se dirigió hacia allí, rabiando indefiniblemente.
Cuando abrió la puerta, encontró a los dos traduciendo letras de Mc Hammer al latín. Sin mediar palabras, Camilión comenzó a arrojarles panes duros, que golpeaban por toda la humanidad de los circunstanciales escribas.
El final de esta historia no es del todo claro. Algunos sostienen que los tres formaron un escuadrón higiénico que fue a dar clases de laúd a una correccional de Bragado. Otros, que ninguno de los personajes que forman parte de esta narración en realidad existieron.
Sin embargo, un Claudio Paul Caniggia me contó que esta historia está debidamente documentada, de principio a fin. La pasan en EduCable. Mirala, loshi.





One Response
Estremecedor relato.
@regurgitad0r February 3, 2012 4:32 am #